Selena no podía dejar de pensar en la oferta de Viktor.
Durante tres días, las palabras del rey de los reclutas la persiguieron.
"Trae a Abital ante mí."
No matarla. No derrotarla.
Traerla.
La distinción importaba.
Y cuanto más lo pensaba Selena, más inquieta se sentía.
Estaba sola fuera de su cabaña, mirando fijamente la oscuridad.
El asentamiento de los reclutas estaba inusualmente tranquilo.
La mayoría de los guerreros se habían retirado por la noche.
Solo unos pocos patrullajes permanecían