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Una habitación moderna en el tercer piso de una firma de abogados en Midtown Manhattan. El lugar albergaba estanterías de madera repletas de libros de derecho, una alfombra gruesa y amplios ventanales con vista a la bulliciosa ciudad.
Damian Lancaster estaba sentado al extremo de un largo escritorio con superficie de cristal; su traje lucía impecable, sin una sola arruga. A su lado, Isabella se veía elegante, pero la mirada en sus ojos era afilada. Frente a ellos, Jared Matthews —un abogado