"Lo siento, Mahardika. No puedo."
Los ojos de Ayunda se abrieron como platos, su boca se abrió sorprendida al ver la figura que se erguía ante ella.
Aunque estaba lejos, Ayunda podía ver la mirada triste y llena de arrepentimiento del hombre. Ya no estaba la mirada de asco que Ayunda solía recibir de él. Como antes, siete años atrás.
Sin embargo, Ayunda no se dejaría engañar, todos los recuerdos que le había dado ese hombre eran malos y muy dolorosos. No le fue fácil a Ayunda liberarse del