Beatrice elevó su copa de vino tinto cuidadosamente seleccionado de la región vinícola de Burdeos, permitiendo que la luz de la vela bailara a través del rubí líquido con una serenidad casi hipnotizante. Sus ojos azules, profundos como el océano en medio de una tormenta, permanecieron fijos en Valentin Beaufort, el hombre con quien estaba destinada a compartir su vida.
— Valentín, esta ciudad no tiene ninguna conexión conmigo, y confieso que estoy perpleja por la importancia que le das a ella.