Rosalie ya no atendió las llamadas de ningún director, dejando que el caos reinara en Empire. Cada toque insistente del teléfono resonaba en su mente, pero se mantuvo firme en su decisión. Creía que la mejor estrategia era enfocarse en sus propios pensamientos, ignorando momentáneamente las voces discordantes que insistían en perturbarla.
En medio del huracán de pensamientos, François apareció en su casa, ofreciendo un apoyo silencioso y reconfortante. Sus ojos verdes brillantes eran espejos d