Duncan se alejó de la mansión, pero su corazón permaneció en su antigua casa.
Caminó durante horas por la ciudad.
Cuando las primeras gotas de lluvia cayeron sobre él, Duncan no las sintió.
Él siguió caminando, con pies que no eran los suyos...
Un cuerpo que no era el suyo.
Observó a la gente corriendo en la calle de la lluvia, se detuvo en la acera y pensó en la posibilidad de lanzarse delante de un coche.
Pero pronto el rostro de Rosalie y sus hijos surgieron en su mente, y el hombre descartó