CAPÍTULO 88: CONFESIÓN
El sol de la tarde se refleja en el horizonte mientras Alexander conduce en silencio. No sé a dónde me está llevando, pero el aire dentro del auto se siente pesado. Miro por la ventana, los paisajes cambian rápidamente, el sol comienza a teñir el cielo de tonos dorados y naranjas. El silencio es sofocante, pero al mismo tiempo, parece necesario. Como si algo profundo e inevitable estuviera a punto de suceder, algo que no puede apresurarse.
Después de lo que parecen horas,