CAPÍTULO 87: YA NO PUEDO OCULTARLO
Cuando veo a Alexander de pie frente a mí en el restaurante, siento como si el tiempo se detuviera. Mi corazón se acelera, y mis manos inquietas, que hasta hace un segundo jugaban con la servilleta, ahora están inmóviles. ¿Cómo puede estar aquí, justo ahora?
Me pongo de pie de inmediato, como si eso pudiera disipar la tensión que se ha instalado entre nosotros.
—No es nada —digo de prisa, pero mi voz se oye quebrada por la sorpresa. Intento moverme hacia la sa