CAPÍTULO 51: Y YO TAMBIÉN
De camino al pent-house, me invade una mezcla extraña de emociones. Parte de mí está devastada. Había imaginado que, aunque las cosas con Alexander no fueran fáciles, al menos hablaríamos, pero se fue. Huyó. La decepción me pesa en el pecho como una piedra, es una sensación tan profunda que casi me ahoga.
Subo en silencio por el ascensor, con la vista clavada en los números que cambian lentamente. Mi mente no deja de repetirse lo mismo: «se fue, se fue». Pero cuando ci