CAPÍTULO 46: HE MORDIDO EL FRUTO PROHIBIDO
Alexander
La hice mía… ¡maldic1ón! La hice mía.
Se supone que Sophia es la mujer de mi hermano, es la única a la que no debo ver con lujuria, ni desearla, ni amarla… He luchado demasiado contra estos sentimientos, desde la primera vez que la vi, pero ahora… Cometí un error, uno muy grave. Dejé que atravesara mis defensas, me acerqué demasiado al fuego, y me quemé.
Me quemé en sus besos, en su cuerpo, en la maldit4 tentación de su sex0.
Ella está ahor