CAPÍTULO 33: ALGO FAMILIAR
—Suéltame, Alexander —le digo con la voz firme, pero él no me hace caso. Sus dedos se aferran a mi brazo con una presión que es incómoda, pero no insoportable.
—No lo haré hasta que me digas qué te pasa. Estás...
—Actuando muy extraño, ya lo sé. Todo el mundo me lo dice —interrumpo, adelantándome a lo que sé que va a decir. Estoy harta de escuchar las mismas palabras. Harta de sentirme observada, juzgada.
Alexander me mira con una ceja enarcada, su mandíbula se tensa