CAPÍTULO 34: UN ATISBO DE SU VERDADERO SER
Regreso a casa con una opresión creciente en el pecho. Alexander sigue invadiendo mis pensamientos, metiéndose más y más en mi cabeza, como una sombra que no puedo sacudirme. No debería estar concentrada en él, pero su presencia es una distracción constante que me hace tambalear. No puedo permitirme eso, no cuando mi prioridad es salvar a mi padre. Con mi despido, todo se ha complicado infinitamente, y siento como si estuviera en una caída libre sin co