Era un día gris y lluvioso cuando Alexander se encontraba en su oficina, revisando documentos y tratando de concentrarse en el trabajo. La lluvia caía con fuerza sobre las ventanas, dejando un día aparentemente frío.
Adelaida, su madre, estaba allí. Su presencia lo sorprendió y lo llenó de mucho enojo.
—Lo siento, señor —se asomó Elena, su secretaria, al parecer no pudo manejar la situación.
Él asintió y resopló mirando a su "madre".
—Alexander... —comenzó ella con voz temblorosa, visibleme