Alexander consiguió de la estantería un libro interesante y resultó ser el cuento favorito de Lucas, el niño perdió las veces que escuchó esa misma historia, pero le seguían encantando como la primera vez y poco a poco cayó en los brazos de un sueño profundo y plácido. Alexander al darse cuenta se inclinó y dijo un beso sobre su frente.
—Buenas noches, Lucas.
Al salir, Lauren seguía en la cocina recogiendo alguna cosas.
—Oh, ¿ya se durmió?
—Sí, ¿necesitas ayuda?
—No, descuida.
Ella a sabi