Más tarde, Alexander se sentó a la mesa para comer. A pesar de que sabía que debía alimentarse, no podía evitar sentirse desganado. La comida, que alguna vez le había encantado, ahora le parecía insípida.
—Solo un poco —murmuró para sí mismo mientras forzaba a su cuerpo a comer un par de bocados.
Después de terminar, se dio cuenta de que ni siquiera tenía ganas de retomar el proyecto pendiente de la compañía.
Sin más ganas de seguir adelante, Alexander se levantó de la mesa, la fatiga llegó pa