La mujer se puso pálida como un papel, no sabía dónde meter la cabeza; al final se puso cabizbaja y entrelazó sus manos con nerviosismo.
—Señor... Yo... —comenzó a llorar —. Lo siento muchísimo, ella estaba en problemas, me suplicó para que le ayudara a escaparse y lo hice, asumiré la responsabilidad, aún así le pido que me perdone.
—¡¿Tienes idea de lo que hiciste?! Te vuelves automáticamente cómplice de lo que hizo, sabías que estaba embarazada, pero no me dijiste nada, ¿crees que no deberí