Su corazón latía desbocado, como si quisiera escapar de su pecho. Cada latido resonaba en sus oídos, acelerando su pulso y llenando el espacio entre ellos de una tensión palpable. Se sentía atrapada en una vorágine de sensaciones que parecían encarcelar su cuerpo, haciéndola consciente de cada pequeño detalle: el aroma familiar de su colonia, el brillo de sus ojos que reflejaban... ¿Anhelo?
Sacudió la cabeza.
Sus grisáceos desprendían fuego y deseo.
—No quiero pelear, pero necesitamos hablar