Mientras tanto, en su oficina, Alexander le daba vueltas al plumín entre sus dedos, postergando la cita agendada, atrasando adrede el encuentro con el encargado de aquel nuevo proyecto en Beauty. Si iba la vería, en otro momento habría sido divertido, ahora se sentía extraño de solo pensarlo.
—¿Qué haces? —espetó su tío, resoplando.
—Damián, ¿por qué entras así sin tocar?
—¿Ahora debo hacerlo? Quisiera saber en qué piensas, estás tan retraído, aterriza.
—Estoy agotado, es todo.
—¿Olvidaste