Mientras Camila le mostraba el resto de la casa, Lauren notó la presencia de un hombre mayor, de aspecto serio pero amable, que parecía observarlas con curiosidad.
—Ah, permíteme presentarte a Samuel, mi mayordomo. Ha trabajado conmigo durante años y es de gran ayuda en la casa. — habló la mujer.
Samuel se acercó y asintió cortésmente.
—Bienvenida, señorita Lauren. Espero que se sienta cómoda aquí.
Lauren le devolvió el saludo, sintiendo que poco a poco los nervios se iban.
Más tarde, mientra