Capítulo 33. Ironía (parte 2)
—Y sin embargo, aquí estoy —respondo. Muevo la copa entre mis dedos como si lo que dice me resbalara—. Veo que tú sigues apareciendo donde no te invitan. Nada ha cambiado, ¿verdad?
Sus ojos se entornan un segundo. Hay un destello de rabia ahí, algo que me reconforta más de lo que debería.
—Qué lástima. Pensé que con los años habrías entendido cuál es tu lugar, Ivanna. Pero sigues sin encajar.
Sus palabras son garras, me rozan la piel donde todavía hay cicatrices que ella misma ayudó a abrir. Pe