*—Uriel:
Era martes por la noche, y después de varios intentos fallidos de ignorar las insistentes llamadas de su madre, Uriel finalmente aceptó ir a cenar con ella. Lo había hecho con la condición de que sus hermanos no estarían presentes, o al menos eso le había asegurado. Sin embargo, su desconfianza aumentó al llegar frente a la casa familiar y encontrar una variedad de vehículos aparcados en la entrada.
—Y solo éramos nosotros, ¿eh? —murmuró con sarcasmo mientras apagaba el motor de