La rutina volvía a ser parte del día a día de Laura. El laboratorio era su refugio seguro, el lugar donde podía controlar cada variable y analizar cada resultado de manera lógica. Sin embargo, algo había cambiado en ella: el orden y la calma que siempre encontraba en sus experimentos ya no eran suficientes. La semilla de la duda había sido plantada y comenzaba a echar raíces, y por más que intentaba ignorarla, cada vez se hacía más evidente.
Un martes por la tarde, mientras revisaba datos sobre