12. Mía.
-RHETT-
Erys me mira confundida.
—¿Un regalo?
—Sí, ya sabrás que es cuando lo veas.
El carruaje se detiene y se asoma por la ventana.
—Ya estamos en el rio —dice.
Nos abren la puerta y bajo del carruaje, la tomo de la cintura cargándola para ayudarla a bajar del carruaje.
—Gracias —dice cuando la dejo en el suelo.
Los caballeros se empiezan a quitar las armaduras, lavándose la cara y el cuerpo.
—Vamos al otro lado.
Asiente con la cabeza, la jaló del brazo, caminó delante de ella, tomándola de