11. Regalo.
El príncipe me besa, su mano se aferra a mi cabello, su lengua invade mi boca.
¿Debería detenerlo?
Sí.
Mi boca se mueve contra la suya, chocando una y otra vez, se separa de mi y me mira.
—Me iré a lavar, quédate aquí y después nos iremos.
Asiento confundida, ¿por qué me beso? ¿por qué le bese? Peor aún, ¿de quién era esa sangre?
Estoy verdaderamente asustada, no puedo confiar en nadie, ni en mi misma.
Me dejo caer en la cama, me enredo la capa en la cara y la aprieto, si muero todo estará m