Treinta días habían destrozado a Kai Reyes.
Lo que comenzó como rabia y desafío se había erosionado lentamente bajo el dominio implacable de Jax. Cada mañana empezaba con la boca de Kai llena de polla. Cada noche terminaba con sus agujeros chorreando semen y su cuerpo marcado. Los entrenamientos públicos, la jaula, los azotes, los orgasmos forzados… todo eso lo había reescrito por completo.
Hoy era el último día del contrato.
Y Kai estaba aterrado de lo que eso significaba.
Jax estaba de pie en