El corazón de Kai latía con fuerza contra sus costillas mientras Jax lo arrastraba por el collar a lo largo del largo pasillo de concreto. Su culo todavía ardía por la brutal paliza con el cinturón y la salvaje follada que vino después. Cada paso hacía que la fresca carga de semen que Jax le había bombeado se moviera y escapara, chorreando por el interior de sus muslos. Sus pezones palpitaban por las pinzas, y su polla —traidoramente medio dura otra vez— se balanceaba entre sus piernas con humi