Pese a que la cosecha ya terminó, aún debo trabajar los campos a diario para tenerlos muy bien cuidados para la siguiente temporada de siembra.
Es un trabajo pesado y que consume casi todo un día, pero me gusta, además de que mantiene mi mente ocupada y no me da espacio para pensar en cosas malas y dañinas que envenenan mi alma.
Desde hace unos días, exactamente desde que empecé a hablar por teléfono con Jack, no hago más que pensar en él —un poco más si es posible—, ansiar ese instante en el q