Julio miró a Nicolás y señaló su cuello.
—Presidente, ¿no quiere cubrir esos chupetones?
Nicolás observó su reflejo en el espejo. Anoche Daniela había dejado marcas en su cuello.
Con buen humor, arqueó las cejas.
—No hace falta. Vamos.
Nicolás salió con Julio. Los empleados que lo veían lo saludaban respetuosamente:
—Presidente.
Nicolás caminaba con paso firme hacia la sala de reuniones.
Los empleados estallaron en chismorreos.
—¿Han visto los chupetones en el cuello del presidente? ¡Dios mío, a