Ya habían registrado gran parte de Costa Enigma sin encontrar ni rastro del trabajador.
De pronto, a Daniela se le ocurrió una idea.
—¡Lo tengo!
—Señorita, ¿qué ha pensado?
Daniela respondió emocionada:
—Vamos rápido a un lugar. Sospecho que el trabajador podría estar allí.
—De acuerdo, señorita, vamos enseguida.
Daniela, que estaba sentada descansando, se puso de pie. Quizás por la prisa, al girarse torció ligeramente su tobillo y comenzó a caer.
—¡Ah! —exclamó Daniela, esperando el inevitable