La pequeña Valentina tuvo que reemplazar a aquella pobre mujer, lavando la ropa y cocinando todos los días, además de soportar las palizas de Gonzalo.
Él le jalaba el cabello, la pateaba, y a veces la azotaba con un cinturón.
Aquellos días fueron difíciles de soportar.
Poco a poco fue creciendo y su belleza comenzó a destacar en aquel entorno rural. Fue entonces cuando comenzaron a suceder cosas mucho peores.
La mirada de Gonzalo se volvió lasciva. La forzaba a sentarse en sus piernas y la besab