Irina odiaba profundamente a Nadia. Ella le había arrebatado la vida que debía pertenecerle.
¡Héctor debió haber sido suyo!
¡El puesto de señora Celemín también debió ser suyo!
Héctor regresó al reservado VVIP.
—Papá, ¿dónde está mamá? —preguntó Luciana.
—Luciana, tu madre tuvo que irse, tenía asuntos que atender —respondió Héctor.
—¿Qué? ¿Mamá se fue? —Luciana hizo un puchero—. ¿Por qué se fue tan repentinamente sin decirme nada?
Héctor observó a Luciana. Antes no había dudado de ella, pero des