Héctor miró a Nadia y tomó su barbilla.
—¿Separados más de veinte años? Eso suena como si estuvieras quejándote de veinte años de vacío y soledad. Esta noche me encargaré de satisfacerte.
Nadia levantó la mano, pero Héctor la apartó de un golpe.
—Señor Celemín, ve con tu primer amor. Durante todos estos años que no estuve, ¿ya durmieron en la cama donde solíamos dormir?
Los ojos de Héctor se enfriaron.
—¿Cuántas veces tengo que decirlo? ¡Entre Irina y yo no ha pasado nada!
Nadia arqueó una ceja.