La habitación estaba vacía, no había rastro de Valentina.
Sonaron unos golpecitos en la puerta y Fernando apareció en el umbral.
—Señor presidente, cuando venía para acá vi a su esposa. Se ha ido.
¿Se fue? ¿No le había dicho que no se fuera?
—Señor, ya he mandado a buscar el antídoto para el afrodisíaco.
Mateo apenas si movió los labios.
—No es necesario.
Dicho esto, entró al baño para darse otro baño con agua fría.
En realidad, Valentina había neutralizado el afrodisíaco en la habitación. Él so