—¡Mateo, estás drogado! —exclamó.
Él apretó sus labios en una línea tensa. Ya estaba notando los cambios en su cuerpo.
Ambos seguían escondidos tras la cortina, con sus cuerpos pegados debido al pequeño espacio entre la cortina y la ventana. Sentía que su cuerpo ardía y que su mente divagaba.
Estaba mareado.
Mateo agarró el brazo de Valentina y la llevó consigo.
Afuera reinaba el caos, una masa de gente observaba la pelea entre las familias. Así que, nadie les prestó atención.
Mateo la condujo f