Luciana, por supuesto, no iba a renunciar a Mateo. Durante estos tres años, Mateo había regresado a Costa Enigma y había tomado el control del grupo Figueroa, convirtiéndose en el principal magnate de Costa Enigma. Su era en los negocios había comenzado, y muchas damas de la alta sociedad tenían sus ojos puestos en él, deseando conquistarlo.
¿Cómo podría ella entregar a Mateo tan fácilmente?
Luciana miró a Katerina y sonrió. —Señora, realmente amo muchísimo a Mateo. Esperaré a que recapacite.
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