—¿Esta noche se acostarán? —preguntó Mateo.
Las pestañas de Valentina temblaron ligeramente mientras respondía con otra pregunta:
—¿Y el señor Figueroa y Luciana se acostarán?
Mateo guardó silencio.
Valentina observó sus dedos de nudillos bien definidos. Sin el saco negro, vestía una camisa blanca y un chaleco de vestir. Las mangas de la camisa envolvían sus fuertes muñecas, donde llevaba un elegante reloj que, como él, transmitía sofisticación.
—Señor Figueroa, ya estamos divorciados. Debería d