Mateo estaba siendo demasiado duro con Valentina, y ya se había excedido.
Valentina, con amargura, murmuró. —Sé que el señor Figueroa me odia.
—Espérame aquí mientras voy al parqueadero por el auto. —Dijo Luis, conteniendo las palabras que quería decir.
—Está bien. —Asintió Valentina.
Después de que él se marchara, se quedó sola esperando, cuando una figura apareció sigilosamente detrás de ella. Era Mateo, quien también había bajado, vistiendo un elegante abrigo negro que le daba un aire distin