Las ocurrencias de Camila la hicieron reír, desde anoche no había parado de despotricar contra Mateo y Luciana, su energía era impresionante.
En realidad, ella ya había aprendido a sanarse en medio del caos. Desenvolvió un chocolate y lo puso en su boca; la dulzura que inundó su paladar le dibujó una sonrisa: —Camila, descansa un poco. Ya nos ocuparemos de cobrarnos por cada agravio.
Camila sabía que su amiga iba a darles una lección a todos, ella era formidable. Solo le dolía ver el proceso;