Su ausencia había terminado beneficiando a Dana.
Después de firmar autógrafos, Dana se acercó a ella de buen humor:
—Valentina, oí que te secuestraron. ¿Por qué siempre estás causando problemas? ¡Avergüenzas a los Méndez!
Cuando le pasaban cosas así, los Méndez solo tenían reproches y culpas para ella, nadie se preocupaba por su bienestar.
Ya acostumbrada, ni siquiera se enojó. Pestañeando con picardía, elogió a su prima:
—No importa si avergüenzo a los Méndez, al fin y al cabo, contigo es sufic