Luis se tomó una ducha fría muy larga en el baño. Esta noche había sido demasiado extraña, sentía un fuego inexplicable ardiendo dentro de él.
Cerró los ojos y, usando toda su fuerza de voluntad, logró reprimir apenas ese fuego interno. Luego cerró el agua, se vistió y salió.
Al salir, vio que Sara estaba sentada en la cama. Ya había despertado.
Luis se sorprendió.
—¿Cómo es que despertaste?
Sara lo miró, con esa confusión somnolienta de quien acaba de despertar.
—Escuché que te levantaste a bañ