Sara miró a Luis. Luis no sospechó nada, tomó la taza de té y se la bebió toda:
—Gracias.
Rosa dijo feliz:
—Señor, señora, descansen temprano. Ya me voy.
Rosa se fue.
Solo quedaron ellos dos en la habitación. Sara guardó el lápiz que tenía en la mano:
—¿Por qué no dormimos ya?
Luis acababa de terminar de procesar los documentos en sus manos:
—Bien, durmamos.
Los dos se acercaron a la cama. Luis preguntó:
—¿Cómo dormimos?
Sara respondió:
—Tú duermes del lado de afuera, yo del lado de adentro.
Lui