Daniela sintió que su corazón estaba más dulce que si hubiera comido miel. Efectivamente, a Nicolás le gustaba todo de ella, y todas sus decisiones llevaban su huella.
Los dos se habían enamorado desde jóvenes hasta llegar hoy al altar del matrimonio. Era algo completamente perfecto.
Dos horas después, la manicurista dijo: —Señorita, ¡las uñas están listas! Si hay algo que no le gusta, aún podemos arreglarlo.
—Estoy muy satisfecha, no necesita arreglos —respondió Daniela.
Daniela se volvió hacia