Alejandro había estado planeando la propuesta durante casi tres semanas, descartando una idea tras otra con el perfeccionismo particular y exigente que de otro modo reservaba únicamente para las negociaciones de contratos y los suministros para la feria de ciencias de María. Había considerado primero la azotea, la misma mesa de picnic desgastada por el clima donde una vez había comprado refrescos con descuento a un importador especializado, pero la descartó por ser demasiado pública, demasiado