Luna pasó tres días sopesando la idea en su mente antes de permitirse comprometerse por completo con ella, probando sus límites de la forma en que lo probaba todo: con cuidado, metódicamente, calculando el riesgo frente a la recompensa hasta que el plan se sintió menos como una desesperación y más como algo inevitable.
Miguel ya no iba a caer en palabras suaves. Había visto eso con suficiente claridad en su estudio, observando cómo algo en él se endurecía en su contra de una manera para la que