No sé cuánto tiempo ha pasado. Solo sé que desde que decidi enrtar en su habitación no hemos parado.
Los besos, las caricias, las embestidas… todo lo que Cassian me ha hecho se funde en una secuencia borrosa de placer ardiente. Mis sentidos están entumecidos, mi cuerpo ya no responde con lógica, y sin embargo, cada roce suyo sigue incendiándome por dentro. La boca de Cassian se desliza por mi cuello, por mis hombros, por mi pecho… sus manos exploran cada curva como si aún me quedara espacio por