Una hora después, estoy de pie junto al auto, con el sol golpeándome directo en la nuca mientras ajusto las mangas cortas de la camisa azul que elegí colocarme. El calor no me incomoda. No cuando estoy esperando por ella. ajusto sobre mis ojos unas gafas oscuras, no solo por el sol, sino porque hay algo en esconder la mirada que me da ventaja. Es una costumbre vieja.
—Diviértanse —dice Seraphina con voz melosa, saliendo de la casa como si no hubiera azuzado el incendio más temprano. Vuelve a d