La evidencia era irrefutable, dejando a los aldeanos sin escapatoria. Yolanda, quien se había burlado de la casa destartalada y con goteras de Faustino, se sonrojó de vergüenza. ¡La cantidad de gente que había llegado para construir la villa de Faustino le había dado una bofetada en la cara! Nacho también se sonrojó, sintiéndose profundamente incómodo. Ver a Faustino construir su villa le producía una sensación peor que vivir en una perrera.
— ¡Ese chico, Faustino, es quien ha contratado a est