—Amanda, por favor, no te tomes eso a pecho. Ni siquiera lo dije con esa intención —dijo Rowán.
—Ya te he escuchado, jefe, pero por favor quiero bajarme —replicó Amanda con brusquedad.
Rowán suspiró. No había nada más que pudiera hacer en ese momento. Era como si la estuviera reteniendo contra su voluntad. Hizo un gesto al conductor para que se detuviera.
El coche se orilló al costado de la carretera y Amanda abrió la puerta rápidamente.
—No tienes que hacer esto, Amanda —dijo Rowán en voz baja