MARION
El sonido de los golpes de cuero resonaba en las paredes como disparos. El sudor me perlaba la sien y me corría por la mandíbula mientras lanzaba el siguiente puñetazo.
—¡El izquierdo va arrastrando el palo! —gritó Mikhail desde detrás de los guantes.
—¡No va a arrastrar ni una mierda!
—Tampoco conecta. Le lancé a Mikhail una combinación que lo hizo retroceder tambaleándose con una risita. —Ahí está.
—Sé lo que hago.
—¿Dónde tienes la cabeza, colega?
Agarré una toalla y me apoyé en las c