DEMETRIA
—¡Mierda!
Grité al caerme frente a la puerta nada más entrar en mi apartamento. Creí que jamás volvería a experimentar algo así. Después de Mark, me volví más fuerte. Me prometí que ningún hombre volvería a hacerme sentir insignificante o indeseada. Pero mírame ahora.
Me sequé las lágrimas mientras me examinaba el puño. Necesitaba ponerme hielo. Creía que era la única mujer con acceso a su casa, pero me equivoqué.
La imagen se repetía en mi cabeza como una película cruel que no podía a